Día: 26 marzo, 2019

"Un relato histórico que ha ocultado la verdad, y ayudado a construir un orden social injusto, merece ser denunciado".
«Un relato histórico que ha ocultado la verdad, y ayudado a construir un orden social injusto, merece ser denunciado«.

La historia escrita de un país, es el registro autorizado de todo lo acaecido en el tiempo. Y en tal sentido, conlleva además de recopilación, una labor de interpretación, teóricamente coherente con las fuentes consultadas; pero fundamentalmente con la realidad propia de cada época. Una premisa, que pasa por conclusión, olvidando que toda actividad humana, está limitada por las circunstancias de sus actores, que también son agentes históricos .

Lo cual da lugar a tres versiones de la historia:

1. Por omisión no premeditada, falta de datos.

2. Por omisión intencional en beneficio de terceros, cuando aún las fuentes se investigan, creando dudas y sospechas, las cuales deberan resolverse pronto.

3.Construcción de una historia oficial falsa, de forma consciente e intencional,para facilitar y promover la corrupción al interior de las instituciones el Estado .

La imagen del historiador en abstracto, del impecable y virtuoso humanista, que describe sin intereses la realidad de su tiempo; es una concepción tradicional, que debe pasar por el gran juicio de la sociedad.

Se trata de un personaje que no sólo debe captar la actividad humana en un período específico, sino principalmente construir un relato desde el cual sus destinatarios, establezcan un vínculo positivo, que refuerce las relaciones productivas al interior de una sociedad determinada.

Por lo anterior, el saber histórico, es una actividad relacionada con los círculos de poder. En tal sentido, prevenirnos del pensamiento ingenuo, para evitar terminar aceptando aquel relato, como “la incuestionable verdad” insertada dentro de lo temporal.

En consecuencia, un historiador oficial, es el reflejo de la suma de intereses, el cual, obligatoriamente será favorable al empoderamiento de grupos alineados, alrededor de una ideología o visión del mundo específicos.  Claramente se deduce, el sesgo implícito en la interpretación del cúmulo de eventos recopilados, y que faclitan la existencia de un modelo hegemónico.

En este sentido, el historiador es un testigo poco fiable, y sujeto de interpelación por la conciencia colectiva. No solamente los de la época contemporánea, sino de TODAS LAS ÉPOCAS.

Del resultado de este proceso de cribaje, dependerá que un historiador, pase a la posteridad como héroe o cómplice, dentro de la gran travesía  histórica. Tan así, que para ser proclamado como historiador oficial, el intelectual elegido, por lo general, posee lazos de sangre  e intereses economicos compartidos, algunos de los cuales son fácilmente identificados.

Pero otros, están sumergidos en lo oculto de sociedades conspirativas, altamente organizadas. Precisamente porque su relato, es parte importante del aparato de propaganda, y relevo generacional, de una agenda política, económica y social; vinculadas directamente a un partido político, pero fundamentalmente a la reactualización de una ideología, que legitima los valores con los cuales la jerarquía social se perpetúa en el tiempo.

De aquí, la urgencia de una revisión exhaustiva de la historia oficial; y en tal sentido, deberá prevalecer el constructo histórico-literario, que demuestre mayor nivel de coherencia con la realidad humana concreta. Por lo anterior, podríamos concluir que difícilmente podemos encontrar un intelectual aséptico, cuando está al servicio de los círculos del poder.

Y esto  también recrea un juicio ético, porque el historiador, no debe olvidar la sagrada coherencia de su discurso con la realidad concreta, y el fin último de su labor. En consecuencia, el historiador revisionista en relevo, debe esforzarse por descubrir las fallas que permitieron la distorsión u ocultamiento de la verdad histórica.

Fundamentalmente, por las implicaciones directas en la dignificación o empobrecimiento de los destinatarios de la acción política.

En paralelo, un intelectual periodista, que desde la realidad construye la información, para ser transmitida por la prensa, radio, televisión, o sitios web, fácilmente puede ser objeto de represión, si llegase a afectar círculos de poder.  Porque su versión, se debería convertir EN FUENTE PRIMARIA, y no en refrito de comentarios sesgados y  distorsionados  del fenómeno de la violencia estructural.

Pero también existe un periodismo colaboracionista dentro de las redes del poder opresor. Y de igual forma que con el historiador oficial de turno, será la REALIDAD CONCRETA, la que finalmente les dé veredicto de absolución o condena, sea a través del voto DEMOCRATICO , o dentro un juicio histórico, de más largo aliento y profundidad.

En conclusión:

» Un historiador al servicio de un poder criminal, automáticamente se convierte en criminal cómplice , pero de una talla aún más fina y malvadaporque su pluma ya convertida en puñal, será el juez impostor que absolverá al culpable, a quien convertirá en héroe nacional,  y condenará al inocente, de generación en generación».

  
Anuncios