«Verdad como ruta, y Fundamento del mundo».

Si desaparece la «Verdad» del horizonte…la raza de Caín gobernará el mundo.  

«El ser humano transita dentro del espacio-tiempo, y crea la historia».

Un caminar es la existencia humana, que nos enfrenta continuamente con la toma de decisiones, y lo debemos de hacer de tal manera, que nuestra supervivencia quede garantizada, así como la del resto del grupo social.

Los animales poseen un instinto, que les permite integrarse a su ambiente y sobrevivir. En cambio, el humano necesita de un aprendizaje, y acompañamiento, que puede durar muchos años. Vemos en esto, un salto cualitativo que marca una diferencia que va más allá de lo simplemente evolutivo.

Porque a la vez podemos ser dichosos, o también infelices, dependiendo de la intencionalidad con la que usemos lo aprendido de nuestro entorno social. Y en esto nos diferenciamos del resto de seres, porque al estar conscientes de la realidad, somos responsables de las consecuencias de lo elegido, sea bueno o malo.

Entramos dentro de la esfera de lo moral, y esto también es aprendido, pero dentro de una pedagogía, que asimila vertientes que proceden de la sabiduría acumulada desde el inicio de los tiempos.

El concepto de “verdad”, como ruta y guía, se acerca demasiado a lo explicado por la religión. Donde se facilita una cosmovisión totalizadora, que, engranando dialécticamente el quehacer científico y político, deben de apuntar hacia lo humano, para cumplir su única misión: dignificarlo. Porque se puede vivir dentro de la pobreza, el temor, la humillación y marginación; e incluso sin la mínima alteridad ontológica, de quienes así nos clasifican.

Lo que nos convierte frente a quienes así mal gobiernan, en poco menos que un rebaño, al cual se puede explotar, y prescindir, según sea el caso. Este esquema de “vida sin dignidad”, es incompatible con la existencia humana.

De aquí deberían de partir las luchas libertarias, los grandes debates ideológicos, y hasta las prioridades en la investigación, de los saberes científico-técnicos.

«Darwinismo social: exterminio y dominio, al servicio del poder».

Existe una corriente en boga, que procura borrar con urgencia esta frontera, donde lo humano se convierte en simple manifestación de una biología más avanzada, para rescatar la visión darwinista social: “la ley del más fuerte”.

No será exitoso quien cumpla las reglas de lo justo, sino las del “animal astuto”, que se agencia la riqueza, y empodera pequeños grupos sociales, autodenominados como los biológicamente más aptos.

Si este modelo se aplica de manera generacional, tendremos después de un par de siglos, grupos humanos no sólo diferentes, sino agriamente enfrentados. Con el selo distintivo de la  pobreza , marginación estructural , y  una cultura de la muerte. 

   Una sociedad tan asimétrica, será proclive a violencia extrema, y grave descomposición social. Un engranaje, que no funciona sin la intervención de las instituciones estratégicas y fundacionales del Estado-nación, que por acción u omisión han permeado esta modalidad de ejercicio del poder.

Pero lo anterior, no es un fenómeno determinista, sino que, por estar dentro del escenario de la libertad, posibilita que se den revoluciones ideológicas, que sirven de válvulas de escape, para evitar el colapso social.

«Ciencia y/o sabiduría: construcción social para la libertad».

Toda crisis nacional acumula un poder legítimo, y una urgencia proporcional, que obliga a cuestionar una estructura social específica.

Ley histórica que debemos saber reconocer a tiempo, para hacer la disección correcta del problema, y encontrar sus raíces.

Una responsabilidad de todos los destinatarios del ejercicio del poder, bajo un liderazgo ideológico asumido desde el aprendizaje histórico, que rescate valores ocultados u olvidados, y ofrezca soluciones concretas.

Pero las crisis también constituyen un escenario complejo de resistencia al cambio, porque todo modelo de gobernabilidad está sustentado dentro de un engranaje que se niega a la alternancia.

Para esto, la disciplina democrática, parece ser un antídoto, aunque muchas veces insuficiente.

Una de las razones por las cuales la política es un campo de batalla, es porque las facciones en pugna rescatan una apoyatura cientificista, que sirve de coraza y bunker.

Una imbricación sesgada de lo científico, que pretende facilitar la aceptación de conceptos, que conducen al cuestionamiento de normas, valores, y finalmente visiones del mundo, que se capilarizan dentro de las instituciones sociales, políticas, y económicas.

De aquí surge el dogmatismo y dictadura de las ideologías, en función del patrimonialismo de Estado.

El modelo político que evada la principal función de dignificar al conglomerado social, más temprano que tarde, y dentro de una crisis en ascenso, tendrá que aceptar la alternancia política, antes de verse arrastrados por la vorágine de una explosión revolucionaria .

Y surge la pregunta, sobre si el saber científico tiene la autoridad suficiente como para cuestionar y romper el orden tradicional, donde el ser humano es el principio y fin del Estado.

En lo anterior hay que saber distinguir el origen de los intereses monopólicos, que construyen esquemas que confunden y engañan, entre lo ofrecido en campaña electoral y lo real cumplido durante su legal ejercicio gubernamental.

Ambición desmedida, poder despótico, e irrespeto a la vida humana, no son la causa, sino la consecuencia de una visión del mundo deformada. Aprendida y reproducida, como esquema de vida exitoso, que finalmente infecta todos los sectores sociales.

 Injusticia, impunidad e ineficiencia intencional,  llegando al descaro superlativo, que caen en lo innombrable. Pero esto, repito, es la consecuencia y no la causa.

Y no me refiero al conservadurismo que se opone al saber científico-técnico, como una resistencia insensata al cambio, sino al fuero sospechoso y cómplice, con el que se reviste este tipo de saber, en materias que superan su competencia.

Porque el capitalismo, neoliberalismo, y todos los demás ismos no son más que instrumentos en manos de agentes históricos, que responden a una visión del mundo. La cual debe funcionar como un constructo teórico-práctico, desde el cual reconocer la frontera entre la justicia e inequidad.

¿A qué ser se le ha dado en el mundo, semejante poder para transformar o destruir todo lo que existe? No sólo en el orden material, sino en el espiritual y moral.

Sin duda somos completamente diferentes, al resto de seres que pueblan el planeta, y en esto no debería haber punto de discusión, porque nos obliga a realizar una síntesis para aterrizar dentro de la verdadera discusión.

Ciertamente compartimos importantes rasgos biológicos, pero la capacidad de transformar la dimensión espacio-temporal, dentro de nuestro paso por el mundo y crear la historia, soló  corresponde al ser humano.

«¿Qué fuerzas mueven al mundo? ¿Por qué, y hacia donde ?»  

La transmisión de una sabiduría, que se acumula dentro de la historia individual y colectiva, y cristaliza en forma de cultura ; debe partir de la interpretación elemental del origen y destino de lo humano, como proyecto dentro del mundo.

¿Y esto para qué…? precisamente porque esta repuesta marcará la tónica del aprendizaje o desaprendizaje dentro de una época definida. Modernamente, gran parte de la educación procede de las redes de comunicación global, y este instrumento poderoso, debería ser supervisado, no a modo de censura insensata, sino , que al igual que un campo minado , definir zonas de seguridad y otras de peligro.

El mercadeo de ideologías, que se potencian mediante inversiones aplicadas para su mayor difusión, tiene intencionalidades precisas, impactando en la conciencia colectiva, y facilitando la disolución de modelos de pensamiento y empoderando a otros.

Si la intención es controlar y dominar, y no liberar , tendremos claro el mensaje del por qué de la fama de ciertas redes, personajes, modelos a imitar, ideologías, preconcepciones jurídicas, políticas , que se van creando cada vez que nos adentramos en el mundo de las imágenes , y opiniones que se vierten , la mayor parte de las veces sin bases firmes, pero que van calando , y generando una cultura mediática que no admite critica ni corrección.

Principalmente porque por medio, existen capitales billonarios que arrasan, y tiene proyectos bien planificados.

¿Buscarán facilitar la dignificación de lo humano, liberarlo, y romper las cadenas del consumismo de bienes materiales, y de ideologías desestabilizadoras del orden social?

Y como en todo, siempre habrá excepciones a la regla. Porque, así como existen páginas web que promueven el culto a la oscuridad (pornografía, satanismo, drogadicción, crimen, etc.), también las hay de espiritualidad, educación, ciencia, arte, etc.

“Crítica al modelo de una inteligencia sin humanismo: retorno al Fundamento”.

Existe una tendencia en la cultura contemporánea, respecto a la necesidad y obligación de innovar, lo cual es legítimo dentro de la conquista del mundo material.

Pero en este modelo de operatividad cientificista, existe el gran peligro de extrapolar, la metodología de las ciencias, a la forma de reactualizar la visión del mundo, y de aquí a los modelos culturales, normas, valores, y su jerarquía dentro de la convivencia social.

Por lo anterior, si el éxito se asocia con tener dinero y poder, pero no destacamos la excelencia de los caminos correctos para obtener estos logros: virtud, honradez, y esfuerzo. O que inteligencia científico-técnica, y artificial, pareciendo fusionarse, fácilmente pueden calcular la cantidad de humanos que pueden vivir de acuerdo a los estándares del poder dominante.

De aquí, la alta tasa de mortalidad en países empobrecidos, o aún en zonas de marginación de países ricos, donde grupos de población considerados no aptos, son exterminados sistemáticamente.

Un modelo de inteligencia sui géneris que no rescata los valores del humanismo, y completamente descentrado de normas, valores, y en ausencia total de un fundamento universal.

Para esta “inteligencia en boga”, no es relevante si cambio el orden de las cosas en función de un modelo de libertad sin fundamento moral, espiritual. Y que la vida humana de quienes se opongan a mi ambición es sólo una condición prescindible e intrascendente.

Lo mismo ha ocurrido en política corrupta, o en el reino de la delincuencia criminal… El lujo, riquezas, y placeres son los valores materiales por excelencia; imágenes especulares del mismo problema: la ausencia del “Fundamento”, el olvido y pérdida de los valores, normas, el sentido del bien y el mal.

Pero principalmente, el desconocimiento o rechazo de una “Verdad rectora”, con la cual se neutraliza desde el fuero de la conciencia individual, aquellas transgresiones que nos amenazan como especie.

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