“Verdad y Fundamento: fuente y ruta para la Libertad.”


I. «Mundo : inmanencia y trascendencia».

El mundo moderno, es el escenario del reto que deberemos de asumir como herencia, hoy mucho más que en el pasado.   Seguramente el avance de la ciencia, tiene que ver con la angustia actual, porque erróneamente se ha convertido en lámpara con la cual pretendemos iluminar y definir el camino…,demasiado poder para un instrumento importante, pero falible. Que no define la ruta, pero facilita como un moderno timón, a quien debe dirigir el gran barco de la historia.

No extraña que uno de los temas centrales del Antiguo Testamento en el Génesis, fue la codicia por el Árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, más que por el de la vida.
… el deseo de querer ser como dioses, y a la vez el innato temor a la muerte. Dos cosas incompatibles, que se resuelven mediante un olvido construido, que impregna todas las áreas de la vida. Especie de rebelión metafísica y teológica, que termina en el nihilismo, donde la existencia se plantea desde el absurdo, como una pasión inútil.

II. “Verdad: Fundamento y sabiduría”.

¿Dónde está el Fundamento?, ¿Dónde la Verdad? ¿Cómo se revela y vuelve accesible ?
Debemos rescatar su importancia , y reactualizar su dimensión trascendental en el discurso cotidiano. No es otra la función de la filosofía en el mundo, como un camino de reflexión, que acumula desde un horizonte común, y transfiere después de depurar, aquello que más se acerca a la Verdad:  la sabiduría.

La cual no es mero sincretismo relativista, sino que parte de un salto trascendental universal, y  en fusión con la inmanencia de la razón humana, recreando el camino olvidado, el de la libertad y plenitud.

Un modelo integrado entre Fe y razón, que desafía y supera al actual estilo luciferino encarnado en la historia. El que teje los hilos de un poder, que convoca a millares de artesanos bien pagados; quienes, de forma libre, organizada y consciente; construyen, mantienen, y trasmiten generacionalmente, el reino del caos. 

Saber escoger entre los frutos de la cultura contemporánea, lo que es conveniente o no al desarrollo de la humanidad, demandan del presente y próximo relevo generacional, no sólo gran responsabilidad, sino enorme valentía.
Porque para poder alcanzar la orilla, y no ahogarse, muchas veces hay que saber nadar contra corriente. Y esta comparación se apega demasiado, a lo que el ser humano de nuestra época debe realizar, para no verse obligado a ser parte del teatro de la corrupción.

La mayoría de las veces por indiferencia, excesiva tolerancia, o tal vez esperando a que una entidad supra mundana, haga lo que debe ser nuestra misión dentro de la historia.
Y en este acto de creación ininterrumpida, que es la esencia de lo intramundano , se inserta no solo al instrumento ( la ciencia) , sino a su autor, en intencionalidad dinámica .

III. ¿Tras qué vamos: Luz Bella y oscuridad, o por la Cruz de la Libertad?

 Es fundamental atreverse a cuestionar los modelos jurídico-políticos y económicos, que traducen, operativizan y empoderan las ideologías, las cuales dan sustento a una determinada visión del mundo. 

¿Qué es lo que vemos en la sociedad actual, y qué se deja ver en el horizonte cercano? ¿Desde qué plataformas de pensamiento, se modula la metamorfosis de la conciencia moral, y espiritual? ¿Qué implican tales propuestas?

En esta zona de intrigas y mentiras bien urdidas, se encuentran los intelectuales al servicio del poder. Las plumas vendidas, quizás cumpliendo agendas oscuras e inconfesables. Líderes espirituales y académicos, políticos destacados, etc. ; que por acción u omisión, se convierten en la intelectualidad orgánica, que alimenta el cáncer del mal social, y empoderan el reino de las tinieblas en el mundo. 

Se pretende hacer labor de demolición, renunciando a toda la tradición humanista acumulada, que ha permitido hasta ahora, el discurso entre todos los dominios del saber.

Pero en estas últimas décadas, pareciera que el saber científico-técnico ha pretendido constituirse en la nueva visión del mundo. Hablamos de un cientificismo que opera de manera subliminal, y empodera sectores sociales, que, reclamando derechos basados en interpretaciones relativizadas de un modelo de saber, han influenciado lo jurídico-político y económico, de una manera sospechosamente exitosa.

Y que no dudamos en lo absoluto, responden a un proyecto de gran envergadura, financiado por sectores poderosos a nivel mundial. No se trata de discriminar al ser humano, pero sí de protegerlo, incluso contra el mismo, y para eso existen normas, valores, tradiciones; que proceden de un horizonte, que al igual que pasa con la ciencia con su propia tradición, no pueden ser borrados sin atentar contra las bases de una cosmovisión, que debe sustentar la sociedad actual.

Aquí vemos amenazada la estructura de la familia tradicional, la orientación biológica entre los sexos, o el derecho a impedir el nacimiento del no nacido.


IV. «Divide et impera…»

La comunidad global se ha estratificado, y diferenciado al punto de reconocer un tercer sexo, lo cual le imprime mayor atomización al modelo de sociedad moderna.

 La ciencia reconoce la diferencia entre normalidad y anormalidad, lo cual no recrea un juicio moral, pero debe ser cuidadosa al momento de empoderar saberes relativos, como normas de carácter universal.

Existen entidades clínicas, que deben ser clasificadas, y señaladas con el fin establecer una frontera clara y concreta, para no confundir la conciencia colectiva.
Lo normal y anormal, no es un constructo cultural, sino condición de posibilidad para la supervivencia a través de la historia. 

Se escucha demasiado el estribillo «discriminación”, y su eco es demasiado fuerte como para ser indiferentes a quienes impulsan todo este movimiento mundial. Porque se trata de ordenar la sociedad, y no facilitar su disolución.
Estoy convencido, que nadie encontrándose en esta zona, admita sentirse cómodo dentro de realidades incompatibles y contradictorias ; las cuales deberemos de asumir en su justa medida , porque también son  parte importante de la humanidad .

Con “Verdad” y Fundamento, establecemos la tesis que todo lo existente, posee un sentido en la medida que se ajusta y orienta a su fin último. Pero esto amerita un salto metafísico y teológico, nada de moda en tiempos actuales, precisamente porque un modelo de materialismo totalitario, permea el pensamiento occidental. 

A partir del empoderamiento de la racionalidad instrumental, que no es más que   el entronamiento del tótem idolátrico, de un saber científico-técnico. Reino exclusivo y privilegiado del naturalismo, con sus presidentes y ministros de turno, dentro de una red de poder global, que modulan sus propias teorías políticas, económicas, sociales. Pero principalmente, configuran una visión del mundo, que es la nueva conciencia colectiva.

Un modelo dominante, que adquiere el estatus de «religión y guía incuestionables”, pero que no acepta la existencia de un orden transmundano, como fuente primera e insustituible, y que debería dar direccionalidad a la civilización. No solamente corresponde a la religión hacer esta tarea, sino también al resto de órdenes del saber, y en especial a la filosofía, como raíz del pensar dentro del mundo concreto. Porque en este escenario, no queda palabra ni concepto que esté libre de ser diseccionado. Y cuando me refiero a la «realidad concreta”, no lo digo desde el saber científico-técnico, sino desde la perspectiva humana, que rebasa y supera lo inmediato, para sumergirse dentro de una dimensión hipercompleja. Aquí necesitaremos algo más que racionalidad instrumental, y en esto va, asumir el acopio de la sabiduría universal.

Parece fácil de entender que la realidad humana en el reino de la naturaleza ,  no procede exclusivamente de un código genético, amarrado dentro de una ecuación genómica.

¿De dónde procede esa vibración que persigue y auto percibe la realidad en integración transformadora ?¿Será este el locus  de una espiritualidad de orden Superior?

Un lugar que no existe en el  universo, sino que se capilariza antropomórficamente dentro de una sincatábasis , aún pendiente de imponerse en nuestra era, como única tabla de salvación.

«Conclusión»

«Lo absoluto de la Verdad, y  el relativismo de los  saberes del mundo Moderno».

Verdad y sabiduría, se encuentran en interdependencia jerárquica, y hay que distinguirlas del conocimiento de las ciencias, porque este en esencia no posee teleología definida, ya que va tras lo que se convertirá probablemente en un instrumento útil, cuyo destino último, la mayoría de las veces desconocen cientistas y tecnócratas. No es su responsabilidad, porque confían, igual que el resto del cuerpo social, en la credibilidad de aquellos que aplicarán ese brazo poderoso dentro del orden social.

 Por lo anterior, Verdad y sabiduría como Fundamento, constituyen condición dialéctica, que modifica al sujeto de la historia, y le permite descubrir su naturaleza íntima, individual, y que comparte con otros semejantes, dentro de un proceso, que finalmente es el proyecto de humanización.

Pero hoy más que nunca, la realidad nos interpela, y obliga a que definamos el rumbo, dado que la velocidad que arremete lo social, es inédita.

Un caos programado, que responde a una visión interesada, y que recluta en esta dirección, los recursos y avances en todos los campos del saber. Impulsado por fuerzas supranacionales, que lo organizan, promueven y dirigen, otorgándoles multimillonarias sumas de dinero.

Y que inciden de manera concreta en la construcción de un modelo de Estado jurídico-positivista, que responde a otro fundamento, y a otra verdad; asumidos e impulsados por un grupo del cuerpo social minoritario, reclamando derechos, e imponiendo su excepcionalidad dentro del orden natural, como norma universal. Advertimos en este escenario, no búsqueda por la complementariedad, sino choque frontal e irreconciliable de dos visiones contrapuestas.

De aquí parte un reclamo que toma fuerza desde la 2da mitad del siglo XIX con F. Nietzsche, y se consolida con M. Heidegger ya en el siglo XX, hasta el presente. Y no por casualidad, sino por el avance demoledor y peligroso del saber instrumental, que paulatinamente ha relegado la gran pregunta por el sentido de la existencia, y el papel del ser humano en el mundo.

La angustia ante la nada, frente al olvido y rechazo del ser como fundamento de la verdad, fue la cosecha maldita, de aquella agenda, descrita proféticamente por estos genios de la filosofía.  De cómo del teocentrismo, se pasó al antropocentrismo, para terminar en el científico-tecnocentrismo.

Donde la cosa (ente), sustituye al ser humano, y lo determina. Una alienación tan grave, que hasta el día de hoy pasa factura a la conciencia colectiva. Por eso la expresión «de nada es bueno ni malo, excepto si conviene o no a mis fines”, ha tomado un arraigo en las mentes más jóvenes, convirtiendo en nueva religión, esta materialidad esencializada, modelada como el nuevo «ídolo moderno «.

De aquí parten, la drogadicción en repunte, materialismo ateo, transitando en desesperación hacia mundos subterráneos, donde se cultiva lo oscuro en frenética búsqueda por el sentido a la existencia verdadera. Satanismo, luciferismo disfrazado de ideologías liberadoras, promoción orquestada, como modelo a seguir, de capos de la mafia, tolerancia absurda ante los crímenes de Estado, donde campea la impunidad, el desprecio a la institución familiar, banalizando la condición de lo masculino y femenino, el racismo, y la indiferencia ante la muerte de los “menos importantes del mundo”.

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