«Verdad y conocimiento: claves de la humanización».

Dentro de la neblina, y en frágil nave, surcamos el tiempo.

      «Verdad: utopía y ocultamiento».

El tema de “la verdad” siempre ha generado fuertes debates, aunque desgraciadamente restringido a especialistas, y en el peor de los casos, banalizado o hasta excluido del discurso cotidiano.

Un hecho complejo, cargado de una intencionalidad sospechosa, y desarticulado del bienestar del mundo. Actualmente, la libertad, igualdad, armonía y justicia, no son logros factibles,sino utopías casi inalcanzables. El mito de la modernidad, queda roto, y pareciera que el ser humano se sumerge en una zona aún más oscura.

Pero dentro de esta conciencia, artificialmente aletargada por el avance científico-técnico, surge un reclamo en ascenso, para reintegrar la jerarquía de la vida.

         «Existencia: finitud y angustia».

La irrupción de la finitud en la vida cotidiana sacude el fundamento individual y colectivo, porque nos confronta con la dimensión del tiempo, como medida y limitación.

Pero también, nos deja entrever que este concepto de “tiempo”, no se ajusta a nuestra percepción intuitiva del mismo, porque al querer medir la existencia individual, este modelo científico-matemático, resulta insuficiente.

Sólo un ejemplo, de la importancia de establecer una crítica sana al cientificismo, que no todo lo puede cuantificar. De aquí parten, la tragedia y grandeza, que repotencian la creciente angustia existencial, que impregna lo humano, y se materializa en lo cotidiano, como la cosecha de cada época.

Por lo anterior, sorprendidos y a la vez temerosos, porque estamos intuitivamente convencidos, que existencialmente rebasamos la historicidad de lo espacio-temporal. Y en este escenario, surge con gran fuerza, el replanteamiento de la gran pregunta por la ”verdad”.

«Verdad: ruta y destino».

Para salir de este laberinto, se necesita más que conocimiento, y ese “algo”, que ha caído en el olvido y manipulación, es el tema del fundamento de lo real. Se podría simplemente repetir, o parafrasear lo que se ha dicho desde hace siglos, pero perderíamos “nuestra oportunidad”: la de proponer el obligado aporte, para las presentes y futuras generaciones.

Porque “crisis”, no representa únicamente sufrimiento, sino la gran oportunidad dentro de un tiempo irrepetible e intransferible, de acercarnos un poco más a lo que nos humaniza. Un proceso inacabable, porque “la verdad”, pareciera ocultarse y develarse en una dinámica hasta la fecha indescifrable. Una lucha dentro de la que hay que ser humildes, pero a la vez atrevidos, porque sabemos que algo no anda bien dentro de nuestra historia.

Un tema que rebasa lo científico, económico, y político, para hundirse en una zona donde pocos quieren atreverse. Y la razón pudiera entenderse: miedo a enfrentar lo que realmente somos, y para lo que estamos destinados.

«Lo humano: vocación por la verdad».

De aquí parte el ocultamiento cultural como propuesta, y por esto, las consecuencias que marcan a cada humano de manera diferente, pero dentro de una misma ruta.

La libertad es deformada, y pudiera con propiedad afirmarse que hoy somos menos libres que hace cien años. Por tal razón, la heroicidad en estos días, es más difícil, pero también más valiosa.

Nuestro arco biográfico, resume dimensiones que rebasan el saber como tal, pero que deberemos de asumir, como parte de la sombra que proyecta lo que perseguimos

Seguramente el buscar la “verdad “de manera honesta, pudiera ser el mejor antídoto ante las amenazas de cada época, y quizás la única manera de alcanzarla.

Una utopía que debe rescatar en su pureza, la excelencia de las fuentes que faciliten esta vocación por la “verdad”, que se encuentra en lo auténticamente humano.

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