“El sentimiento humano-espejo de lo divino: la urgencia de transmitirlo en el mundo actual”.

«Caminando, tomados de la mano, estrechando el corazón y la razón, rumbo a Dios».


«Parado ante el imponente robot moderno, como frente a un mágico espejo, su creador quedó fascinado, y le rindió vasallaje».

La emotividad creadora del artista, que en esencia, es patrimonio de lo humano, portal viviente de una realidad que va más allá de sus sentidos. No sólo la padece, sino que también la transforma, y hereda.

En este caminar perplejo, deviene la exaltación y agonía, pero también , felicidad y plenitud ; al final, una resignada paz.

Esta es la fuerza que santifica nuestro paso por el mundo, y con la que debemos de iluminar desde el núcleo sagrado de la familia, hasta la nación.

Pareciera que el legítimo acto de mostrar la profundidad de un sentimiento, se vuelve un reto doloroso, frente a una sociedad emborrachada de frialdad, junto a un sospechoso mecanicismo demoledor.

Y si acaso se esbozan modelos emocionales estereotipados, constructos prefabricados, donde la espontaneidad e individualidad de lo legítimamente humano, pareciera haberse desterrado.

La comprensión clásica que define lo humano desde tres esferas: 1.Afectiva. 2.Volitiva. 3.Intelectiva. Queda ocultada de manera violenta, dentro de una sociedad evidentemente atrapada entre el consumo y una vida acelerada.

Generaciones enteras languideciendo mientras las preocupaciones por la supervivencia, muchas de ellas artificialmente construidas, les lleva a enriquecer agiotistas, y que, en medio de fabricadas crisis financieras, se favorecen los grandes intereses del » gran casino del mundo «, donde la casa nunca pierde.

Este es uno de los signos más peligrosos de esta cultura matematizada, de «la cuenta y medida», donde somos un número, sin alma, sin destino, y condenados a ser borrados del disco duro de la historia. Por aquella misma mano invisible que nos empuja a olvidar nuestros orígenes.

Tenían razón los llamados «filósofos de la sospecha» desde finales del siglo XIX, cuando anunciaron la decadencia de este modelo civilizatorio, centrado en la fascinación por la investigación, y control de los fenómenos de la materia. Cometiendo el grave error, de ir paulatinamente desechando la realidad de lo humano, que escapa a la esquematización metodológica y totalitaria de un modelo de saber, centrado exclusivamente en lo científico-técnico.

Donde todo debe ser medido, y tasado, para el gran mercado de los bienes y servicios. Aquí esa parte más noble de lo humano, donde nace la angustia y la esperanza, el miedo o la felicidad, no por «tener”, sino por «existir» …deja de ser valioso, y es lanzado a un profundo abismo de tinieblas.

Por lo anterior, la gran misión de rescatar la zona sagrada, lugar de tránsito entre el corazón y la razón, puente donde estalla la vida realmente humana, la que deberemos de comunicar frente a frente, por primordial ordenamiento divino, punto de partida del cual somos imagen y semejanza.

Destino insustituible, aunque amenazado por las fuerzas de este mundo en el cual vivimos, y que estamos obligados a trasformar .Solamente desde la comunión universal , de ese pan sagrado , expresado en gestos ,acciones y palabras , que constituyen la esencia de ese sentimiento liberador, que es el Verbo, imagen del Dios encarnado en todo lo humano .

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