«Quienes crean opinión : cambian el mundo».

«El Reino de Dios es de quienes se atreven a arrebatarlo con violencia»
Mateo 11:12.

La conquista del mundo, tal como lo conocemos, nunca se ha definido con las armas, estas no pasaran de ser instrumento, de los que ordenen su uso. ¿Quiénes deciden, por qué, y para qué ?

Una lucha milenaria, dentro de la cual, los fríos, los calientes y los tibios, se mezclan, como siempre ha sucedido en las grandes y decisivas guerras de la historia.

Ellas persiguen algo más que el empoderamiento sobre el espacio -tiempo, porque ya revestidos de un seguro e ideologizado mesianismo, a la hora de destruir la reputación, o cegar la vida enemiga, adquieren en alguna medida, la privilegiada imagen de un “dios de barro”. Forma poderosa de idolatría moderna, porque este poder así construido, pudiera convertirse en un espejismo poderoso del cual sería muy difícil distanciarse. He aquí el constructo ideológico, que pudiera asimilar grandes fuerzas, derivadas de las múltiples dimensiones del quehacer humano.

Pero existen otros actos realmente perversos, donde la violencia es organizada y construida generacionalmente, que, sin hacer uso de aquellas armas, construyen los argumentos con artificio de relojería fina, y empujan generaciones enteras hacia el enfrentamiento ideológico, que precede al militar; dependiendo de la radicalidad de una u otra posición.

Porque ya constituidos en guías después de hacer “su exégesis de la historia”, han diseñado “los argumentos inexpugnables”, apelando muchas veces a lo sagrado, e imbricando eventos históricos, le dan la connotación de oráculo, y diseñan “la bandera” que muchos defenderán hasta con sus vidas.

“Estamos construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra”, dirán muchos de estos seguidores, mientras se ejecutan espiritual y hasta materialmente a millares en este holocausto, en aras de una interpretación deformada, del Dios que quieren para todos, sin aceptar apelación, y haciendo uso de un renovado juicio inquisidor en pleno siglo XXI. Creando y favoreciendo un reino de confusión, donde las ovejas son secuestradas en medio del caos.

Por lo anterior, la tarea de escribir y crear opinión autorizada, se convierte en labor delicada y peligrosa…este es el terrible poder de las palabras, las ideas, y las acciones: en unión dialéctica. Generalmente realizada generacionalmente por corporaciones civiles o religiosas, quienes muchas veces tienen a su cargo el pastoreo universal de lo santo y profano, hacia lo que “ellos, los iluminados”, han concluido es el gran diagnóstico del mundo.

Hay en todo esto un exceso de humildad, pero de tipo farisaica, porque bien sabemos que hoy por hoy, en este mundo del siglo XXI, intentar construir un pensamiento alternativo es labor casi imposible, sin contar con la sustentabilidad financiera, y un acuerpamiento generacional multidisciplinario.

En otras palabras, estamos viviendo la dictadura moderna de un pensamiento militante, que merece un escrutinio riguroso. Una tupida, compleja y espesa red, donde se potencian, prensa, radio y televisión, y principalmente algunos sectores de instituciones académicas, políticas y hasta religiosas.

En este escenario, cuyos frutos son la pobreza e injusticia, de los cuales surge la violencia, pero también un sano espíritu de rebelión el cual deberemos saber rescatar y conducir. Porque después que el orden existente perdió su ruta dentro de lo inmanente, idolatrizando el poder sobre lo material y espiritual. Donde la intrahistoria pasó de ser el camino, para convertirse en «el destino».

Todo un proyecto errado, que se suma a la hipertecnologización y de un “materismo” de sutilezas difíciles de detectar, que aletargan, y sumergen la primavera del mundo, en un permanente invierno, del cual deberemos de salir entre todos.

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