“Política en 2019: juicio, castigo y perdón”.

«Para quienes privilegiamos la visión cristiana de la historia, no deberíamos cometer el error de prorrogar hasta el final de los tiempos, el juicio y castigo del pecado social. «

Lo anterior, debe ser visto con extrema cautela, porque pudiéramos casarnos de manera dogmática con una exégesis errada, al olvidar que por su historicidad, «nuestra interpretación del factum» adquiere un carácter esencialmente relativo. Que si bien tiene su dimensión axiológica anclada en el horizonte de la tradición, también está permeada de su “propia perspectiva dinámica”. De aquí, su relatividad y discrecionalidad, respecto al juicio, castigo o premio de los actores de la historia.

Pareciera que en algún momento pretendiéramos jugar a ser Dios, al juzgar y condenar , olvidando que en esta construcción de los pueblos, aunque lleva el sello de la libertad individual (concepto monumental en teología, al verse como un misterio), también existe «como un camino de sorpresas», que no podemos explicar desde la simple acción u omisión del acto humano. En otras palabras, si no humanizamos la historia, empoderaríamos aún más el antropocentrismo casi idolátrico, padre del actual modelo laicista social, que se tambalea entre la fe y la incredulidad.

Por tal razón, cuando política y religión se enlazan, y conviven de manera jerárquica, en dirección de lo trascendente, no solamente aprendemos a juzgar y condenar, sino también a perdonar, tolerar, y hasta amar al enemigo. Quien en última instancia, será compañero de viaje en esta vida. Seguramente en un proceso semejante , las naciones pudieran avanzar aún más, hacia la paz y prosperidad.

Una mecánica aparentemente contradictoria, donde cada uno dependiendo de sus circunstancias, tendrá que elegir entre diferentes opciones, y por eso será juzgado dentro de un modelo de justicia, que ya los griegos describieron con los ojos vendados; quizás adelantándose a la escatología cristiana, que anuncia el juicio verdadero, al final de los tiempos.

Enorme reto el de la política contemporánea, cuando se enfrenta a la delicada labor de tomar las decisiones necesarias, para elevar la dignidad de sus representados; porque si no hace acopio de todos los valores de la tradición humanista cristiana, irremediablemente caerá en una guerra sin final, que nos conducirá hacia el Armagedón.

San Salvador, 8 de febrero del 2019.

Anuncios