«México y Andrés Manuel López Obrador : más allá de las ideologías partidarias».

El 1 de diciembre del 2018, asumió la presidencia para el próximo sexenio en México, Andrés Manuel López Obrador.

Demasiado se ha escrito sobre este hombre carismático, y no quisiera redundar en datos estadísticos, mucho menos agotar al lector con citas extensas y engorrosas; pero ahí está la evidencia a la mirada del mundo, sobre cómo todo el pueblo de México se volcó las urnas el 1 de julio del 2018, y decidió cambiar de manera radical el destino de México.

Pero mi breve análisis, va en la dirección de reivindicar a este nuevo jefe de Estado, más allá de las ideologías que por sí mismas dividen y enfrentan, para posicionarlo donde en mi opinión debería de ubicarse alguien de la talla de este «fuera de serie».

La clásica división entre izquierdas, derechas y centros, no parecieran convencer a los analistas políticos contemporáneos, debido a que muchas de estas facciones al llegar al poder, a menudo se convierten en aquello que han criticado, o incluso en versiones más aterradoras de lo que siempre atacaron desde el punto de vista teórico.

En otras palabras, la política no es una entidad abstracta, divorciada de la realidad y circunscrita a visiones teorizadas sobre «el debe ser». La política real, circunstancialmente deberá tener una apoyatura académica, especie de instrumentos para poder navegar dentro del discurso y la dialéctica del verbo en acción, pero sólo alcanzará a convertirse en el mejor de los casos sólo en eso:  «un buen instrumento».

Y después de lo anterior, entramos a lo que considero la parte medular de mi intervención, porque en esencia la política para ser ejecutada como instrumento eficiente, deberá de encarnarse en un ser humano concreto, con una biografía definida y con un lugar en la historia.

Y más allá de esto, un ser humano que se encuentre asistido por una convicción profunda, de la enorme responsabilidad que emanará de sus decisiones al dirigir los destinos de millones de almas.  Más allá de la cualificación técnica, de la experiencia adquirida, o de las promesas vertidas en las campañas presidenciales, se encuentra toda una hoja de vida, que no solamente es visible para el resto de sus seguidores, sino principalmente de la convicción profunda, íntima, que emana no solamente de la posesión y cultivo de valores anclados en la tradición humanista, sino fundamentalmente en la naturaleza del espíritu que se encarna en quien se ha elegido para gobernar.

Andrés Manuel López Obrador, parece encarnar los ideales del mandatario perfecto, pues a escasos 2 meses de dirigir la República mexicana, su espíritu está incendiado del deseo de justicia, y del combate incansable contra la corrupción, que como el bien ha llamado, sólo puede ser solucionada por medio de una revolución moral.

A la vez que sorprende tanta perfección, preocupa porque no sea tentado por las mieles del poder, y que siempre sea fiel a estos principios, que han arrastrado la esencia de todo lo bueno que sobreabunda en la nación mexicana, y que hasta hace poco estuvo sufriendo la marginación e invisibilizacion.

Se ha entendido claramente (no sólo en la teoría, sino principalmente en la práctica), que la corrupción genera pobreza y miseria, pero todo este cáncer, parecieran no estar solamente anclado en visiones políticas establecidas, sino en la pérdida y olvido del verdadero papel del ser humano en el mundo: ser felices. Lo que en referencia muy bien ha dicho Andrés Manuel López Obrador, que la felicidad no consiste en la acumulación de bienes materiales,lujo , ni en distinciones meritocráticas, que la mayoría de las veces están desvinculadas del sentido último, como lo es el bien común y solidaridad social.

Veo a un Presidente humilde, sincero, pero sobre todo, terriblemente combativo contra la corrupción, y con una devoción manifiesta, casi tierna por su pueblo. Esto me recuerda mucho al ideal de los pueblos antiguos, donde el destinado a gobernar, siempre estuvo restringido a los más sabios y virtuosos. Y la razón era practica: simplemente porque era la única manera en que los pueblos podían sobrevivir y florecer.

Pero no subestimemos las fuerzas de la oscuridad, que manejan sus antivalores, y en grado sumo, intrigando y queriendo recobrar como es natural, la gran presa: el Estado.

Pero este nuevo Presidente, conoce muy bien los tinglados de esta forma aberrante de desgobierno, y ya está descubriendo y saneando las cloacas infernales de cuello blanco. Así como a todo el ejercito de esta corrupción galopante, que más que simple avaricia, es ignorancia convertida en cultura de muerte.

México actualmente, se encuentra en proceso de resurrección espiritual, y recuperando la confianza en el presente y futuro, que redundará no solamente en repunte de progreso económico, sino en felicidad, prosperidad, paz y orgullo del pueblo mexicano, pero sobre todo, ejemplo inédito para el resto de países del mundo en el siglo XXI.

San Salvador , 30 de enero del 2019.

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