«Las Pandillas en El Salvador: nuevo enfoque histórico –filosófico”.

¿Dónde quedaron nuestros valores, nuestra capacidad de reflexión y acción, en esta sociedad donde todos los días nos marca la violencia?
La aparente complejidad con la cual se nos ha venido construyendo – con campañas multimillonarias, no sólo a nivel nacional sino principalmente internacional- , el imaginario de las «Maras», como los presuntos responsables del descalabro de la seguridad en El Salvador, ha pasado a convertirse en la remozada estrategia de exterminio social ya impulsada por los Estados liberales desde finales del siglo XIX y principios del XX. Aunque aceptamos su impacto en la violencia social, no por eso debemos omitir señalarla como una de las farsas ideológicas con la que se ha querido disfrazar el verdadero origen del mal delincuencial, y que nos pasará factura a todos tarde o temprano. No sólo por pereza mental, sino por no atrevernos a sacudir de nuestras mentes la ABSURDA e ilógica afirmación, de que la «delincuencia» como fenómeno, existe por sí sola, y al margen de la REALIDAD HISTÓRICA que vivimos a diario. La cual siempre ha estado dirigida, y en gran medida construida, por quienes de manera generacional han ostentado el PODER HEGEMÓNICO. No existe ni existirá JAMÁS efecto sin causa, y el que esto adverse, mayormente en el grave y decisivo contexto actual de nuestra historia, deberá decirnos la lógica que utiliza, así como los intereses que defiende. En conexión con esto, sólo hay que recordar la matanza de indígenas que se dio en la zona occidental de El Salvador el año de 1932, y de cómo la prensa de la época al referirse a estos alzados contra el Gobierno de turno, les calificó de manera estigmatizante como una «plaga y enfermedad sociales”; en consecuencia debían ser EXTERMINADOS rápidamente, para recuperar la paz, el orden y progreso social.
Los historiadores de este periodo saben muy bien, que las condiciones políticas, económicas y sociales de estos grupos humanos marginados, fueron en extremo adversas; potenciando y condicionando sus manifestaciones antisociales, las cuales se expresaron en un repunte del alcoholismo, prostitución, vagancia, delincuencia y rebelión. Los diferentes Gobiernos liberales de este periodo, impulsaron mecanismos de disciplinamiento y coerción; pero lo que facilitó que el Ejército de la época actuara en esta «limpieza social”, no fue más que la consecuencia lógica, del tipo de antropología criminal en boga, incuestionablemente vinculada al «modelo de la degeneración» ligado a la raza. En este sentido, se llegó a asumir como verdad científica , el hecho que el criminal «nace y no se hace”. Tal concepción emanada principalmente de las ideologías colonialistas europeas, fue hábilmente asimilada por los grupos dominantes, y utilizada como la mejor estrategia para el ejercicio del poder. Nunca antes había sido usada por los gobiernos republicanos salvadoreños con tal intensidad y radicalidad, como lo fue aquel fatídico mes de enero del año 1932. Para dar cabida a esta interpretación , la historia ha tenido que ser revalorizada en su justa y real medida ; para hilvanar tal aseveración, es preciso recordar como los procesos privatizadores de la tierras comunales y ejidales acaecidas en El Salvador , principalmente desde 1880, favorecieron la fragmentación y empobrecimiento acelerado de grandes masas de población, principalmente mestiza e indígena . Las cuales a medida que se aceleró la marcha del capitalismo regional y mundial, maximizaron de manera impresionante el empobrecimiento material y moral de este gran sector poblacional en El Salvador de finales del siglo XIX y principios del XX. Como puede ser entendido, la crisis económica mundial de los años 20, funcionó como el catalizador suficiente para provocar aquel levantamiento popular ya mencionado. Por lo anterior, y atendiendo este razonamiento, no es posible estar utilizando de manera falaz, una explicación que pretende ver la criminalidad y delincuencia, sólo como un fenómeno vinculado de manera exclusiva a individuos, como si estuvieran especialmente marcados con el signo de la maldad. ¡¡ Y cuidado !! , esto no significa en absoluto – como algunos opinan erróneamente – , que es hacerle el juego a la violencia. Sino todo lo contrario, pues busca construir un nuevo discurso, a fin de redirigir nuestra mirada, hacia la que podría ser la verdadera y real causa de la violencia en nuestro país, y por extensión de muchas zonas de Latinoamérica. Porque solo si tenemos el valor y honradez , para atrevernos a repensar este hipócrita discurso oficial , sobre la violencia y criminalidad , podremos algún día descubrir el camino donde todos , SIN EXCEPCION participemos en armonía del «mínimum vital» para nacer, crecer , desarrollarnos y morir con dignidad .

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